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                                            Seminario

        San Pedro

 

 

 

El seminario es una comunidad de discípulos del Señor, que acompaña y forma a los jóvenes para ser futuros sacerdotes.

La palabra seminario proviene de la palabra latina “semina”, que significa “semilla”.

Por eso el seminario es el lugar donde se cuida la semilla de la vocación sacerdotal que Dios ha sembrado en el corazón de unos jóvenes varones, conscientes de que es: “Dios quien hace crecer” (1 Cor 3,6).

El modelo del seminario es la comunidad de los apóstoles en torno a Jesús: aquí los jóvenes aprenden a estar con el Señor y se preparan para entregar su vida al servicio de la Iglesia.

La formación del candidato a la ordenación sacerdotal abarca toda la persona, que debe conformarse a Jesús Buen Pasto, y se estructura según cuatro dimensiones fundamentales: humana, espiritual, intelectual y pastoral.

 

Vida del seminario

El camino formativo del seminario dura seis años (dos de filosofía y cuatro de teología) y puede ser precedido por un año propedéutico o pre seminario.

Antes de la ordenación diaconal el candidato vive una experiencia pastoral. La jornada diaria es indispensable viviendo diariamente la Santa Eucaristía, la lectio divina según horarios. Compartiendo momentos comunitarios como las horas de comidas (desayuno almuerzo y cena).

Todos los días se dan las respectivas clases: filosofía y teología. Como también según horarios hay momentos de estudio. En donde se realizan las tareas que se tenga. Como también según horarios tenemos la respectiva limpieza de los ambientes.

El corazón de nuestra jornada es la oración, especialmente la santa misa, allí reconocemos la fuente y el sentido de nuestro vivir juntos. Somos hermanos que muy probablemente no nos hubiésemos conocido si el Señor no nos llama y reúne.

Por las noches también está la devoción mariana con el respectivo rezo del Santo Rosario. Y no puede faltar otro momento fuerte que es la adoración eucarística los días jueves de cada semana.

Los seminaristas tienen la respectiva experiencia pastoral en distintos lugares que cada uno está destinado que son los sábados y domingos.

En la vida comunitaria estamos descubriendo: “que dulzura y que delicia, que los hermanos vivan unidos” (salmo 133). Nuestra libertad se encuentra con la libertad de Dios, que es mucho más grande, y nos llama a ser sus hijos.

Cuando un joven confía su libertad en manos de otros, de la Iglesia, con disponibilidad, sinceridad y generosidad, ya encontró su vocación más importante: la de ser hijo de Dios.

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Filo estudiando

Andresp. Marcquito