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 Jr. Guillermo Sisley n° 500 - teléfono 061486477

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    La Casa de Salud “Buen Samaritano.Es una estructura particular de nuestro Vicariato que se propone apoyar a los enfermos “los mas pobres entre los mas pobres”.

  También esta estructura forma parte de la Pastoral de Salud de la Caritas Vicarial y cuenta con la presencia constante de cuatro Religiosas (“Hermanas de los desamparados”), que son enfermeras licenciadas.

    En el "Buen Samaritano" colaboran directamente muchos voluntarios que apoyan en todas las necesidades diárias (médicos, enfermeros, farmacistas, fisiotérapistas y también muchos más que apoyan en la limpieza de los ámbientes y en la animación de los enfermos).

    La Casa de Salud está dirigida principalmente a aquellos enfermos que se encuentran a enfrentar la enfermedad “solos” y sin recursos. Su manera de intervención se desarrolla en tres direcciones:

- La atención que se brinda a los enfermos;
- Las “campañas medicas”;
- La acogida que se brinda a los enfermos mas graves, sin recursos y “solos.

    Toda la Pastoral de Salud de nuestro Vicariato se funda sobre don pilares: el voluntariado y la caridad: ninguno de nuestro operadores (tampoco en la Casa de Salud) reciben un sueldo… todos ofrecen libremente su tiempo y su competencia para ayudar a los hermanos y hermanas enfermos.

     Si puedes apoyarnos con tu tiempo (por poco que sea) o con recursos económicos, puede referirte directamente a la Oficina de Caritas o a la Casa de Salud “Buen Samaritano”.  

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La Parabola del Buen Samaritano.

 

   Se levantó un legista y le preguntó, para ponerle a prueba: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?»

    Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?»

Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.»

    Le dijo entonces Jesús: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.»

Pero él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

    Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos que, después de despojarle y darle una paliza, se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote que, al verlo, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio lo vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, tuvo compasión. Se acercó, vendó sus heridas y echó en ellas aceite y vino; lo montó luego sobre su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciendo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.’ ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»

    Él respondió: «El que practicó la misericordia con él.»

Le dijo entonces Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.» (Lc 10, 25-37).

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